lunes, 9 de enero de 2017

Barack Obama culpable de una tragedia


Barak Obama 44· Presidente de los EE.UU., Premio Nobel de la paz, primer hombre de color que rige la nación en toda su historia y esperanza para muchos que veían a la sociedad norteamericana enrumbarse al colapso.

Para la mayoría del pueblo estadounidense le importa muy poco cómo dirigen la política internacional sus líderes e ignoran que están llevando el planeta al colapso. La prensa oculta la verdad y les hace creer que los Estados Unidos es una potencia indestructible. 

Obama, durante ocho años ha seguido la misma política  errónea de sus predecesores: la codicia por polarizar el mundo, el abuso, irrespeto a la vida, la mentira para crear un enemigo invadirlo y arrebatarle sus riquezas, serán detonantes que pronto estallarán y llevarán a los EE.UU. a perder su hegemonía. 

La intervención militar a Libia en 2011 bajo el amparo de la ONU y ejecutado por la OTAN, más 16 países que formaron la coalición encabezada por EE.UU., Francia y Gran Bretaña dejaron un saldo trágico de 50.000 muertos y miles de heridos, el asesinato de Gadafi y la destrucción de Libia.

La guerra civil en Siria al mando de los Rebelde sirios o Mercenarios fundamentalistas apoyados por ISIS creados y financiados por Estados Unidos y los países aliados, ha causado la muerte a más de 470.000 personas y es una de las carnicerías más grande después de Irak, junto con una Siria devastada. 

Los niños constituyen entre el 30 y el 40% de las víctimas de guerra, sin contar los 5 millones de refugiados y miles de ahogados en el mar Egeo y Mediterráneo que dan una cifra escalofriante de lo que ha hecho Barak Obama en 8 años de gobierno. 

La expulsión de los terroristas islamistas y yihadistas por el ejército sirio y las fuerzas militares rusas de Alepo y la derrota electoral de Hillary Clinton dejan a los EE.UU. muy debilitados y un Obama frustrado. 

El próximo 20 de enero Barack Obama dejara la Casa Blanca, el lugar donde pasó 8 años de su vida llenos de fantasía y empezará a invadirlo la nostalgia del poder, poco se imaginó que saldría manchado de sangre.

Por José Cevallos

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