martes, 29 de noviembre de 2016

Turquía intenta marcar territorio en Siria, sufre un duro revés




El presidente ruso Vladimir Putinlse topó con un papel completamente nuevo el viernes cuando su homólogo turco Recep Erdogan le telefoneó para presentar una queja sobre el ejército sirio. 

Putin probablemente esperaba la llamada telefónica sobre un ataque aéreo contra un contingente turco el 24 de noviembre en el norte de Siria que había matado a tres soldados turcos y heridos a diez.

Turquía se siente indignada, pero no está segura si se trataba de solo un ataque sirio o un espectáculo cuasi-sirio. Un detalle intrigante aquí es que el 24 de noviembre también pasó a ser el primer aniversario del derribo de un avión ruso por Turquía, matando al piloto. 

Una extraña coincidencia, de hecho. Pero el ejército ruso sostuvo que el ataque no fue llevado a cabo por ellos. Los turcos al parecer saben que los jets despegaron de una base que está bajo control ruso. Dijo un informe del diario Hurriyet:

Las fuerzas armadas turcas sondearán todos los datos tangibles sobre el incidente mortal. Si encuentra que Rusia estuvo detrás del ataque, los movimientos se harán por medios diplomáticos.

Después que el gobierno adquiera información sólida sobre los perpetradores del ataque, se dará una respuesta oportuna, dijeron funcionarios.

Erdogan, posiblemente, preferiría aceptar la versión rusa. La lectura del Kremlin dijo que Putin sostuvo una "discusión detallada" con Erdogan sobre las relaciones turco-rusas y también tuvo un "intercambio constructivo sobre un arreglo de la crisis siria". 

Acordaron continuar un "diálogo activo" a nivel diplomático, militar y de inteligencia.

El incidente del 24 de noviembre sin duda constituye una "comprobación de la realidad" para Turquía.

Erdogan ha estado recurriendo a la buena vieja táctica del salami ampliando gradualmente el alcance de las operaciones del escudo del Eufrates en el norte de Siria, que había definido inicialmente como una operación antiterrorista limitada anti-ISIS, pero expandiendo posteriormente el alcance ostensiblemente para crear un "refugio seguro"de más de 5000 kilómetros cuadrados de territorio dentro de Siria, y últimamente transformándose en planes para establecer una base militar turca en territorio sirio. 

Y todo esto ignorando las protestas desde Damasco de que Turquía está violando la integridad territorial de Siria.

Erdogan está en un apuro impropio para crear nuevos hechos sobre el terreno aprovechando la transición en Washington y las incertidumbres en los lazos entre Estados Unidos y Rusia, así como las preocupaciones ruso-iraníes en Alepo.

El ataque del 24 de noviembre es una advertencia contra la sobrecarga. La cuestión es que la fuerza aérea turca no puede operar en el espacio aéreo sirio sin la aprobación de Rusia, y sin la cobertura aérea turca, las operaciones del escudo Euphrates en el territorio hostil de Siria no son sostenibles.

Hasta ahora, Moscú optó por apartar la vista, permitiendo que Turquía siguiera cambiando el alcance del escudo Euphrates. Pero ahora, se está dibujando una "línea roja". Es un juego delicado porque el juego debe ser jugado por reglas no escritas y en la medida de lo posible la fachada de la cordialidad debe mantenerse también.

La dirección turca instintivamente amenazó con tomar represalias contra el ataque del 24 de noviembre, pero el mejor sentido prevaleció. Turquía ha aclarado desde entonces que las operaciones en el norte de Siria sólo tienen por objeto impedir que los kurdos sirios establezcan un enclave unificado en la región y no alberguen ninguna agenda hacia Alepo. 

Según el relato turco de la llamada telefónica de hoy, Erdogan también reiteró a Putin que él "apoyó" la integridad territorial de Siria. Evidentemente, Erdogan está ansioso por no trastornar el carrito de manzanas, al menos por el momento.

Erdogan debe estar conciente de que Rusia también ha jugado un papel clave para provocar la naciente proximidad sirio-egipcia, especialmente entre los dos ejércitos. 

Erdogan y el presidente Abdel Fattah el-Sisi no han perdido el amor el uno por el otro. Sisi aborrece a los Hermanos Musulmanes, mientras que los Hermanos ven a Erdogan como su guardián local. 

La reactivación del eje entre los dos pesos pesados ​​regionales árabes (con la bendición de Rusia) desplazará inevitablemente el equilibrio de fuerzas contra Turquía y cerrará la puerta al "neo-otomanismo" de Erdogan.

El 6 de diciembre, el primer ministro turco, Binaldi Yildirim, visitará Moscú. Sin duda, tanto Rusia como Turquía se dan cuenta que el punto actual es una zona crepuscular. 

El momento decisivo vendrá cuando Donald Trump asuma el cargo como presidente de Estados Unidos.

Trump ha expresado su admiración tanto por Putin como por Erdogan. Ha prometido reconstruir la alianza turco-americana, así como espera tener una "gran relación" con Rusia. Por su parte, Turquía y Rusia preferirían cada uno tener una asociación exclusiva con Trump en Siria. 

Por supuesto, los nuevos hechos sobre el terreno -como el ataque aéreo del jueves- tendrán un impacto significativo en la trayectoria futura del conflicto sirio.

Originally appeared at Indian Punchline

Fuente: RUSSIA INSIDER - Vertido al español y distribuido gratuitamente